BIOGRAFÍA

Nació en Fontiveros (Ávila) el 1542. Instrumento providencial en manos de Teresa de Jesús, le ayudó en su renovación de la Orden desde la primera fundación de frailes contemplativos en Duruelo el 28 de noviembre de 1568. Enfermo en Úbeda, se fue a cantar maitines al ciclo la noche del 13 de diciembre de 1591. Es guía indiscutible de los caminos del espíritu. Célebres son sus tratados: Subida del Monte Carmelo, Noche oscura, Cántico espiritual y Llama de amor viva. Pío XI le confirió el título de doctor de la Iglesia universal el 24 de agosto de 1926. San Juan de la Cruz es el padre y maestro espiritual del Carmelo Teresiano, doctor de la vida cristiana en su dinamismo teologal, cantor de la hermosura de Dios y de la belleza de la creación. Su recuerdo se transforma hoy en Liturgia viva. A través de la alabanza divina, su oración y su poesía, su canto eterno de gloria, se hace viático y plegaria del Carmelo peregrino aquí en la tierra. Su doctrina fue una exégesis viva del Evangelio; por eso la palabra de Dios ilumina su experiencia, y sus enseñanzas tienen alcances insospechados en la meditación de esa palabra. La Liturgia de esta solemnidad es palabra de Dios y palabra de Juan de la Cruz en una síntesis de meditación y alabanza.

LITURGIA DE LAS HORAS

Solemnidad| Todo propio

HIMNO

I
Un pastorcico, solo, está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido,
mas llora por pensar que está olvidado;

que solo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho del amor muy lastimado.

Y dice el pastorcico: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia,
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!

Y a cabo de un gran rato, se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos,
y muerto se ha quedado asido dellos,
el pecho de el amor muy lastimado.


II

Maestro iluminado, padre nuestro,
Juan de la Cruz, inagotable ansia,
que, entre las azucenas olvidado,
fuiste lección suprema de las almas.

Tú, que, junto a Teresa, recorriste
los caminos del mundo y sus moradas,
en esta noche oscura de la vida,
con ansias en amores inflamadas.

Tú, que supiste ser ejemplo y norma,
ardiente caridad, fe y esperanza,
y que pusiste en nuestra lengua toda
la deliciosa miel de tu palabra.

¡Oh toque delicado de tu mano,
oh búsqueda sutil de tu pisada,
oh ciencia transcendida de tu verbo,
oh cauterio suave de tu llaga!

Desde la noche oscura de este mundo
a ti volvemos, padre, la mirada.
Pídele a Dios que no se apague nunca
la antorcha viva de nuestra esperanza. Amén.


SALMODIA

Ant. 1. Abrió su boca en la oración, y el Señor lo llenó de espíritu de inteligencia.


Salmo 112

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre:
de la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos.
¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra?

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo.
A la estéril le da un puesto en la casa,
como madre feliz de hijos.

Ant. Abrió su boca en la oración, y el Señor lo llenó de espíritu de inteligencia.

Ant. 2. Le dio el Señor a conocer sus tesoros ocultos y sus riquezas escondidas.

Salmo 145

Alaba, alma mía, al Señor:
alabaré al Señor mientras viva,
tañeré para mi Dios mientras exista.

No confiéis en los príncipes,
seres de polvo que no pueden salvar;
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,
ese día perecen sus planes.

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,
el que espera en el Señor, su Dios,
que hizo el cielo y la tierra,
el mar y cuanto hay en él;

que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.

El Señor liberta a los cautivos,
el Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.

El Señor guarda a los peregrinos,
sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.

Ant. Le dio el Señor a conocer sus tesoros ocultos y sus riquezas escondidas.

Ant. 3. Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman.

Cántico – Ap 4, 11; 5, 9. 10. 12

Eres digno, Señor Dios nuestro,
de recibir la gloria, el honor y el poder,
porque tú has creado el universo;
porque por tu voluntad lo que no existía fue creado.

Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos,
porque fuiste degollado,
y con tu sangre has adquirido para Dios
hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación;
y has hecho de ellos para nuestro Dios
un reino de sacerdotes,
y reinarán sobre la tierra.

Digno es el Cordero degollado
de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría,
la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.

Ant. Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que le aman.

LECTURA BREVE Ef 3, 14 19

Por eso doblo las rodillas ante el Padre de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, pidiéndole que os conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su Espíritu en vuestro hombre interior; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios.

RESPONSORIO BREVE

R/. El Dios que dijo: «Brille la luz del seno de la tiniebla», * Ha brillado en nuestros corazones. El Dios que dijo.
V/. Para que nosotros iluminemos, dando a conocer la gloria de Dios, reflejada en Cristo. * Ha brillado. Gloria al Padre. El Dios que dijo.

MAGNIFICAT

Magníficat, ant. Busqué la sabiduría en la oración; la encontré dentro de mí colmadamente; ahora me veo muy aventajado en ella.

PRECES

Aclamemos a Cristo, nuestro Redentor, que llamó a san Juan de la Cruz a su seguimiento y lo encumbró a la más sublime contemplación, y digámosle:
A ti la gloria y el poder por los siglos.

Cristo Jesús, que diste a conocer a tu siervo Juan la sabiduría de la cruz,
― enciende la llama viva de tu amor en todos los que han recibido en la Iglesia el ministerio de la enseñanza, del gobierno y de la santificación.

Cristo Jesús, Luz sin ocaso, que te manifiestas a los pobres de espíritu en la oscuridad de la fe,
― revela tu rostro a todos los pobres que en medio de las tinieblas te buscan con sincero corazón.

Cristo Jesús, Maestro único y verdadero, que des¬cubres las riquezas de tu sabiduría a quienes te buscan y te aman,
― otorga el conocimiento experimental de tu amor a cuantos has llamado a la familia del Carmelo.

Cristo Jesús, que vives triunfante en el cielo, rodeado de todos los santos,
― concede a nuestros hermanos el descanso eterno y el goce de la paz en tu reino.

Padre nuestro.

Oración

Señor Dios nuestro, que hiciste de san Juan de la Cruz (nuestro Padre) un modelo de abnegación evangélica y un perfecto amador de Cristo crucificado; concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, lleguemos hasta la contemplación eterna de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

Antífona Invitatorio. Venid, adoremos a Cristo, Palabra única del Padre.

Salmo 94
INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Animaos unos a otros, día tras
día, mientras perdura el «hoy».
(Hb 3,13)

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
+ entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses,
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes.
Suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
«Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso.»

HIMNO

I

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche más amable más que la alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado. Amén.

II

¡Qué bien sé yo la fonte que mana y corre,
aunque es de noche!

Aquella eterna fonte está escondida,
qué bien sé yo dó tiene su manida,
aunque es de noche.

Su origen no lo sé, pues no lo tiene,
más sé que todo origen della viene,
aunque es de noche.

Sé que no puede ser cosa tan bella,
y que cielos y tierra beben della,
aunque es de noche.

Su claridad nunca es escurecida,
y sé que toda luz de ella es venida,
aunque es de noche.

Aquesta eterna fonte está escondida
en este vivo pan por darnos vida,
aunque es de noche.

Aquí se está llamando a las criaturas,
y de esta agua se hartan, aunque a escuras,
porque es de noche. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Dios nos predestinó a ser imagen de su Hijo.

Salmo 15

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
Los dioses y señores de la tierra
no me satisfacen.

Multiplican las estatuas
de dioses extraños;
no derramaré sus libaciones con mis manos,
ni tomaré sus nombres en mis labios.

El Señor es mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano:
me ha tocado un lote hermoso,
me encanta mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.


Ant. Dios nos predestinó a ser imagen de su Hijo.

Ant. 2. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.

Salmo 33
I

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

El ángel del Señor acampa
en torno a quienes lo temen y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos se empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.

Ant. Nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.

Ant. 3. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir.

Salmo 33
II

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor.
¿Hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.

Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.

La maldad da muerte al malvado,
los que odian al justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.

Ant. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir.


V/. En ti, Señor, está la fuente viva.
R/. Y tu luz nos hace ver la luz.

PRIMERA LECTURA

De la Carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,12-29
Nos ha trasladado al reino de su Hijo querido

Dad gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

       Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, tronos, dominaciones, principados, potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

       Antes estabais también vosotros alienados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora, en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, habéis sido reconciliados y Dios puede admitiros a su presencia como a un pueblo santo sin mancha y sin reproche.

        La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza que escuchasteis en el Evangelio. Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y yo, Pablo, fui asignado a su servicio.

        Me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro, asignándome la tarea de anunciaros a vosotros su mensaje completo: el misterio que Dios ha tenido escondido desde siglos y generaciones y que ahora ha revelado a su pueblo santo.

        Dios ha querido dar a conocer a los suyos la gloria y riqueza que este misterio encierra para los gentiles: es decir, que Cristo es para vosotros la esperanza de la gloria.         Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida cristiana; ésta es mi tarea, en la que lucho denodadamente con la fuerza poderosa que él me da.

RESPONSORIO – Mt 17,5b; Hb 1,1 – 2a’,

R/. Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto; * Escuchadlo.
V/. En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo.
R/. Escuchadlo.

SEGUNDA LECTURA

Del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, presbítero y doctor de la Iglesia

Red. B, canc. 5, 1. 3. 4; B.A.C., 15 {19604}, 853-854) – Las criaturas son como un rastro del paso de Dios

   Dios crió todas las cosas con gran facilidad y brevedad y en ellas dejó algún rastro de quien él era, no sólo dándoles el ser de nada, mas aun dotándolas de innu¬merables gracias y virtudes, hermoseándolas con admi¬rable orden y dependencia indeficiente que tienen unas de otras, y esto todo haciéndolo por la Sabiduría suya, por quien las crió, que es el Verbo, su unigénito Hijo.

        Las criaturas son las obras menores de Dios, porque las mayores eran las de la Encarnación y misterios de la fe cristiana.

        Según dice san Pablo, el Hijo de Dios es resplandor de su gloria y figura de su sustancia. Es, pues, de saber que con sola esta figura de su Hijo miró Dios todas las cosas, que fue darles el ser natural, comunicándoles muchas gracias y dones naturales, haciéndolas acabadas y perfectas, según se dice en el Génesis por estas palabras: Miró Dios todas las cosas que había hecho, v eran mucho buenas. El mirarlas mucho buenas era hacerlas mucho buenas en el Verbo, su Hijo.       

Y no solamente les comunicó el ser y gracias naturales mirándolas, mas también con sola esta figura de su Hijo las dejó vestidas de hermosura, comunicán-doles el ser sobrenatural: lo cual fue cuando se hizo hombre, ensalzándole en hermosura de Dios, y, por consiguiente, a todas las criaturas en él, por haberse unido con la naturaleza de todas ellas en el hombre. Por lo cual dijo el mismo Hijo de Dios: Si yo fuere ensalzado de la tierra, levantaré a mí todas las cosas. Y así, en este levantamiento de la Encarnación de su Hijo y de la gloria de su resurrección según la carne, no solamente hermoseó el Padre las criaturas en parte, mas podremos decir que del todo las dejó vestidas de hermosura y dignidad.

RESPONSORIO
Oración del alma enamorada

R/. No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu único Hijo, Jesucristo, * En que me diste todo lo que quiero.
V/. Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes; los justos son míos, y míos los pecadores; los ángeles son míos; y la Madre de Dios, y todas las cosas son mías. Y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. * En que me diste.
R/. En que me diste todo lo que quiero.

ORACIÓN

Señor Dios nuestro, que hiciste de san Juan de la Cruz, nuestro padre, un modelo de abnegación evangélica y un perfecto amador de Cristo crucificado; concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, lleguemos hasta la contemplación eterna de tu gloria. Por nuestro Señor.

o

Señor Dios nuestro, que hiciste de san Juan de la Cruz, nuestro padre, un maestro espiritual para toda la Iglesia; haz que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, por la senda de la fe, de la esperanza y del amor, lleguemos a conseguir la perfecta libertad de tus hijos en el Espíritu. Por nuestro Señor.

Himno

¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

¡Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado,
oh prado de verduras
de flores esmaltado!,
decid si por vosotros ha pasado.

¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!

Mi Amado, las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos;

la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.

Deténte, cierzo muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran tus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.

Gocémonos, Amado,
y vámonos a ver en tu hermosura,
al monte y al collado,
do mana el agua pura;
entremos más adentro en la espesura. Amén

Salmodia

Ant. 1. En verdad: tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador.

Salmos y cántico del domingo de la semana I, Apéndice II, p.

Ant. 2. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Ant. 3. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con cánticos espirituales.

Lectura breve 2Cor 3,17‑18

El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. Mas todos nosotros, con la cara descubierta, reflejamos la gloria del Señor y nos vamos transformando en su imagen con resplandor creciente, por la acción del Espíritu del Señor.

Responsorio breve

V/. Brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.
R/. Brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

V/. Y el Señor llenará tu alma de claridades.
R/. Tu oscuridad se volverá mediodía.

V/. Gloria al Padre y al HIjo y al Espíritu Santo
R/. Brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía.

Benedictus, ant. Mientras tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de la luz.

O bien:

Prestad atención a la palabra de Dios, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero nazca en vuestros corazones.

Preces

Aclamemos a Jesucristo, Cabeza y Esposo de la Iglesia, que hoy nos colma de alegría con la fiesta      de san Juan de la Cruz, y digámosle:

Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.

Palabra única de Dios, hablada desde siempre en eterno silencio y acogida en el seno de la Virgen al llegar la plenitud de los tiempos,
― enséñanos hoya escuchar tu palabra en la intimidad del corazón, y a cumplirla y manifestarla con nuestras obras.

Sabiduría del Padre, que nos mostraste el exceso de tu amor en el anonadamiento de la encarnación y de la cruz,
― otorga a cuantos has redimido con tu sangre vivir en permanente comunión contigo.

Imagen Ajabada del Padre, en quien se nos han revelado esplendorosamente los misterios del amor eterno,
― haz que, impulsados por tu Espíritu, caminemos con resplandor creciente hasta tu luz inaccesible.

Gozo supremo del Padre, por quien Dios mira propicio a los hombres,
― haznos perfectos y compasivos como el Padre cielo.

Primogénito de toda criatura, por quien el Padre creó y recreó con sabiduría y amor todas las cosas,
 ― enséñanos a elevarnos de la belleza del mundo visible hasta tu hermosura invisible.

Padre nuestro.

Oración

Señor Dios nuestro, que hiciste de san Juan de la Cruz (nuestro Padre) un modelo de abnegación evangélica y un perfecto amador de Cristo crucificado; concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, lleguemos hasta la contemplación eterna de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien:

Señor Dios nuestro, que hiciste de san Juan de la Cruz (nuestro Padre) un maestro espiritual para toda la Iglesia; haz que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, por la senda de la fe, de la esperanza y del amor, lleguemos a conseguir la perfecta libertad de tus hijos en el Espíritu. Por nuestro Señor Jesucristo.

Himno

I

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!;
pues ya no eres esquiva,
Ajaba ya, si quieres;
rompe la tela de este dulce encuentro.

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras! Amén.

Salmodia

Ant. 1. Dios, por el gran amor con que nos amó, nos ha hecho vivir con Cristo.

Salmo 14

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?

El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,

el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino.
El que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,

el que no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.

El que así obra nunca fallará.

Ant. Dios, por el gran amor con que nos amó, nos ha hecho vivir con Cristo.

Ant. 2. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

                                                                   Salmo 111

Dichoso quien teme al Señor

y ama de corazón sus mandatos.

Su linaje será poderoso en la tierra,

la descendencia del justo será bendita.

En su casa habrá riquezas y abundancia,

su caridad dura por siempre.

En las tinieblas brilla como una luz

el que es justo, clemente y compasivo.

Dichoso el que se apiada y presta,

y administra rectamente sus asuntos,

porque jamás vacilará.

El recuerdo del justo será perpetuo.

No temerá las malas noticias,

su corazón está firme en el Señor.

Su corazón está seguro, sin temor,

hasta que vea derrotados a sus enemigos.

Reparte limosna a los pobres;

su caridad dura por siempre

y alzará la frente con dignidad.

El malvado, al verlo, se irritará,

rechinará los dientes hasta consumirse.

La ambición del malvado fracasará.

Ant. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

Ant. 3. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

                                                                     Cántico Ef 1, 3‑10

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en Cristo

con toda clase de bienes espirituales en los cielos.

Él nos eligió en Cristo,

antes de la fundación del mundo,

para que fuésemos santos

e intachables ante él por el amor.

Él nos ha destinado por medio de Jesucristo,

según el beneplácito de su voluntad,

a ser sus hijos,

para alabanza de la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en el Amado.

En él, por su sangre,

tenemos la redención,

el perdón de los pecados,

conforme a la riqueza de la gracia

que en su sabiduría y prudencia

ha derrochado sobre nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad:

El plan que había proyectado

realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos:

recapitular en Cristo todas las cosas

del cielo y de la tierra.

Ant. El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Lectura breve                                                                                                                                                                                                       1Cor 13, 8‑10. 12‑13; 14, 1a

El amor no pasa nunca. Las profecías, por el contrario, se Ajabarán; las lenguas cesarán; el conocimiento se Ajabará. Porque conocemos imperfectamente e imperfectamente profetizamos; mas, cuando venga lo perfecto, lo imperfecto se Ajabará. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es ahora limitado; entonces conoceré como he sido conocido por Dios. En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor: estas tres. La más grande es el amor. Esforzaos por conseguir el amor.

Responsorio breve

R/. Es fuerte el amor como la muerte. * Es centella de fuego, llamarada divina. Es fuerte.

V/. ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo? * Es centella. Gloria al Padre. Es fuerte.

Magníficat, ant. Padre, este es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo, donde yo estoy; y que el amor que me tenías esté en ellos, como también yo estoy en ellos.

Preces

Demos gracias a Dios Padre, que se ha dignado, por su querido Hijo Jesucristo, enviarnos su              Espíritu para que, compartiendo el mismo ser de Dios, seamos en la Iglesia testigos del Amor;      supliquémosle diciendo:

Por intercesión de san Juan de la Cruz, escúchanos, Señor.

Otorga a tu Iglesia una fe viva, que ilumine a cuantos van a tu encuentro con sincero corazón,

― y los conduzca hasta la íntima comunión contigo

Concede a quienes te buscan afanosamente la esperanza del cielo,

― que tanto alcanza cuanto espera.

Derrama en nosotros tu caridad,

― para que pongamos amor donde no hay amor.

Haz que los carmelitas, a ejemplo de María, su Ma­dre,

― sean siempre dóciles y fieles a las mociones del Espíritu Santo.

Concede a nuestros hermanos difuntos su última pu­rificación,

― a fin de que puedan cuanto antes entonar el cántico del amor en compañía de tus santos.

Padre nuestro.

Oración

Señor Dios nuestro, que hiciste de san Juan de la Cruz (nuestro Padre) un modelo de abnegación evangélica y un perfecto amador de Cristo crucificado; concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, lleguemos hasta la contemplación eterna de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

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