BIOGRAFÍA

Nace en Aytona (Lérida), España, el 29 de diciembre de 1811. Profesa como carmelita descalzo el 1833 y se ordena de sacerdote el 1836. Los azares de la patria le obligan a vivir la exclaustración y el exilio. Al regresar a España en 1851 funda en Barcelona “La Escuela de la Virtud”, modelo de enseñanza catequética. Suprimida la escuela y confinado injustamente en Ibiza (1854-1860) vive en la soledad de El Vedrá las vicisitudes de la Iglesia inmerso en su misterio. Funda en Baleares las Congregaciones de los Hermanos y de las Hermanas Carmelitas (1860-1861). Predica misiones populares y extiende la devoción mariana por donde quiera que pasa. Muere en Tarragona el 20 de marzo de 1872. Fue beatificado por Juan Pablo II el 24 de abril de 1988.

LITURGIA DE LAS HORAS

Memoria | Del común de vírgenes o de santas mujeres: para los religiosos

HIMNO

Puerta de Dios en el redil humano
fue Cristo, el buen Pastor que al mundo vino,
glorioso va delante del rebaño,
guiando su marchar por buen camino.

Madero de la cruz es su cayado,
su voz es la verdad que a todos llama,
su amor es el del Padre, que le ha dado
Espíritu de Dios, que a todos ama.

Pastores del Señor son sus ungidos,
nuevos cristos de Dios, son enviados
a los pueblos del mundo redimidos;
del único Pastor siervos amados.

La cruz de su Señor es su cayado,
la voz de la verdad es su llamada,
los pastos de su amor, fecundo prado,
son vida del Señor que nos es dada. Amén.

SALMODIA

PRIMERA LECTURA

Del día

SEGUNDA LECTURA

De los escritos espirituales del beato Francisco Palau, presbítero

Lucha del alma con Dios, Roma 1981. pp. 42-44. 135-136 
La eficacia de la oración en favor de la Iglesia

Dios en su providencia tiene dispuesto no remediar nuestros males ni otorgarnos sus gracias sino mediante la oración, y que por la oración de unos sean salvos los otros. Si los cielos enviaron de arriba su rocío y las nubes llovieron al justo, si se abrió la tierra y brotó al Salvador, quiso Dios que a su venida precedieran los clamores y súplicas de los santos Padres, especialmente las de aquella Virgen singular que inclinó los cielos con la fragancia de sus virtudes y atrajo a su seno al Verbo increado. Vino el Redentor y por medio de una oración continua reconcilió el mundo con su Padre. Para que la oración de Jesucristo y los frutos de su redención se apliquen a alguna nación o pueblo, para que haya quien la ilumine con la predicación del Evangelio y le administre los sacramentos, es indispensable haya alguno o muchos que con gemidos y súplicas, con oraciones y sacrificios hayan conquistado antes aquel pueblo y lo hayan reconciliado con Dios.

        A esto, entre otros fines, miran los sacrificios que ofrecemos en nuestros altares. La hostia santa que en ellos presentamos todos los días al Padre, acompañada de nuestras súplicas, no es sólo para renovar la memoria de la vida, pasión y muerte de Jesucristo, sino también para obligar con ella al Dios de las bondades a que se digne aplicar la redención de su Hijo a la nación, provincia, ciudad, aldea, o aquella o aquellas personas por quienes se celebra la santa misa. En ella es propiamente donde se negocia con el Padre la redención, o sea, conversión de las naciones. Antes que la redención se aplicara al mundo o, lo que es lo mismo, antes que el estandarte de la cruz fuera enarbolado en las naciones, dispuso el Padre que su Unigénito, hecho carne, negociara esto con él con súplicas continuas, con fuertes clamores y con lágrimas con angustias de muerte y con el derramamiento de toda su sangre, especialmente en el altar de la cruz, que levantó en la cima del Calvario.

        Dios para conceder su gracia aun a aquellos que ni la piden ni pueden pedirla, o no quieren, ha dispuesto y tiene mandado: Rogad los unos por los otros para que os salvéis. Si Dios dio la gracia de la conversión a san Agustín, se debió a las lágrimas de santa Mónica; y la Iglesia no tendría a san Pablo, dice un santo Padre, sino por la oración de san Esteban.

       Y es digno de notarse aquí que los apóstoles, enviados a predicar y enseñar a todas las naciones, reconocen que el fruto de su predicación era más bien efecto de la oración que de su palabra cuando en la elección de los siete diáconos, para que se encargasen de las obras externas de caridad, dicen: Nosotros nos aplicaremos de continuo a la oración y al ministerio de la palabra. Repare Ud. bien que dicen se aplicarán primero a la oración y sólo después de ésta al ministerio de la palabra, porque no fueron sin duda nunca a convertir un pueblo antes que en la oración hubiesen logrado que se convirtiera.

       Jesucristo empleó en orar toda su vida y sólo predicó unos tres años.

       Así como Dios no dispensa sus gracias a los hombres sino mediante la oración, porque quiere que le reconozcamos por la fuente de donde dimana todo bien, tampoco nos quiere salvar de los peligros ni curar las llagas ni consolar en las aflicciones sino mediante la misma oración.

Responsorio

R/. Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá; porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama se le abrirá. * La oración ferviente del justo tiene mucho poder

V/. Orad unos por otros para que os salvéis.

R/. La oración ferviente del justo tiene mucho poder.

ORACION

Oh Dios, rico en misericordia, que descubriste a Santa Isabel de la Trinidad el misterio de tu presencia secreta en el alma del justo e hiciste de ella una adoradora en espíritu y verdad; concédenos, por su intercesión, que permaneciendo en el amor de Cristo, seamos transformados en templos del Espíritu Santo de amor, para alabanza de tu gloria. Por nuestro Señor.

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LAUDES

V/ Dios mío ven en mi auxilio.
R/ Señor date prisa en socorrerme. Gloria al Padre…

 

HIMNO

Con mirada sencilla, que tu fe contemple
el misterio escondido que en ti se realiza.
El Espíritu Santo te escogió por su templo,
ya no te perteneces, y ésta es tu grandeza.

Bajo el toque divino, permanece en silencio
para que El imprima en ti la imagen del Señor.
Fuiste predestinada a esta semejanza
por un decreto arcano de nuestro Creador.

Da gracias al Señor por su querer supremo,
 que tu ser se abisme en la adoración. Amén.

 

SALMODIA

Ant. 1. Desde la aurora te busco, mi alma está sedienta de ti.

Salmo 62, 2-9

¡Oh Dios! tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti.
como tierra reseca, agostada, sin agua.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote
Me saciaré de manjares exquisitos,
y mis labios te alabarán jubilosos.

En el lecho me acuerdo de ti
y velando medito en ti,
porque fuiste mi auxilio,
v a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Desde la aurora te busco, mi alma está sedienta de ti.

Ant. 2. Bendice alma mía al Señor y todo mi ser a su santo nombre.

 

Cántico – Dn 3, 57-88.56

Creaturas todas del Señor, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos

Ángeles del Señor, bendecid al Señor;
cielos, bendecid al Señor.

Aguas del espacio, bendecid al Señor;
ejércitos del Señor, bendecid al Señor.

Sol y luna, bendecid al Señor;
astros del cielo, bendecid al Señor.

Lluvia y rocío, bendecid al Señor;
vientos todos, bendecid al Señor.

Fuego y calor, bendecid al Señor;
fríos y heladas, bendecid al Señor.

Rocíos y nevadas, bendecid al Señor;
témpanos y hielos, bendecid al Señor.


Escarchas y nieves, bendecid al Señor;
noche y día bendecid al Señor.

Luz y tinieblas, bendecid al Señor;
rayos y nubes, bendecid al Señor.

Bendiga la tierra al Señor,
ensálcelo con himnos por los siglos.

Montes y cumbres, bendecid al Señor.
cuanto germina en la tierra, bendiga al Señor.

Manantiales, bendecid al Señor;
mares y ríos, bendecid al Señor.

Cetáceos y peces, bendecid al Señor;
aves del ciclo, bendecid al Señor.

Fieras y ganados, bendecid al Señor;
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Hijos de los hombres, bendecid al Señor;
bendiga Israel al Señor.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor;
siervos del Señor, bendecid al Señor.

Almas y espíritus justos, bendecid al Señor;
santos y humildes de corazón. bendecid al Señor.

Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
ensalzadlo con himnos por los siglos.

Bendigamos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
ensalcémoslo con himnos por los siglos.

Bendito el Señor en la bóveda del cielo,
alabado y glorioso y ensalzado por los siglos.

No se dice Gloria al Padre.

Ant. 2. Bendice alma mía al Señor y todo mi ser a su santo nombre.

 

Ant. 3. Te alabaré Dios mío mi rey.

Salmo 149

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca
y espadas de dos filos en las manos:

para tomar venganza de los pueblos
y aplicar el castigo a las naciones,
sujetando a los reyes con argollas,
a los nobles con esposas de hierro.

Ejecutar la sentencia dictada
es un honor para todos sus fieles.


Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 3. Te alabaré Dios mío mi rey.

 

LECTURA BREVE – Ct 8, 7

Las aguas torrenciales no podrían apagar el amor, ni anegarla los ríos. Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable.

 

RESPONSORIO BREVE

V/ Tu luz, Señor, nos hace ver la luz, al despuntar la aurora.
R/ Tu luz, Señor, nos hace ver la luz, al despuntar la aurora.
V/ Mi corazón se regocija por el Señor.
R/ Al despuntar la aurora.
V/ Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R/ Tu luz, Señor, nos hace ver la luz, al despuntar la aurora.

 

CANTICO EVANGELICO

Ant. Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada.

Cántico de Zacarías – Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedemos que libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada.

 

PRECES

 

Glorifiquemos a Cristo, esposo y corona de las vírgenes, y supliquémosle diciendo:

              Jesús, corona de las vírgenes, escúchanos.

Señor Jesucristo, a quien las vírgenes amaron como a su único esposo,
              – concédenos que nada nos aparte de tu amor.

Tú que coronaste a María como reina de las vírgenes,
              – por su intercesión concédenos recibirte siempre con pureza de corazón.

Por intercesión de las santas vírgenes que te sirvieron siempre con fidelidad, consagradas a ti en cuerpo y alma,
              – ayúdanos, Señor, a que los bienes de este mundo que pasa no nos aparte de tu amor.

Señor Jesús, esposo que has de venir y a quien las vírgenes prudentes esperaban,
              – concédenos que aguardemos tu retorno glorioso con una esperanza activa.

Por intercesión de Santa Isabel de la Trinidad, que fue virgen sensata y una de las prudentes,
              – concédenos, Señor, la verdadera sabiduría y la pureza de costumbres.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Con sencillez y humildad digamos la oración que Jesús nos enseñó: Padre nuestro.

ORACION

Oh Dios, rico en misericordia, que descubriste a Santa Isabel de la Trinidad el misterio de tu presencia secreta en el alma del justo e hiciste de ella una adoradora en espíritu y verdad; concédenos, por su intercesión, que permaneciendo en el amor de Cristo, seamos transformados en templos del Espíritu Santo de amor, para alabanza de tu gloria. Por nuestro Señor.

VISPERAS

V/ Dios mío ven en mi auxilio.
R/ Señor date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

HIMNO

Imagen del Salvador, tu eres mi sola riqueza.
Ven pronto a mi corazón, a sostener mi flaqueza.
Junto a ti, amigo divino, hasta el dolor tiene encantos.
A tus pies, Jesús querido, dejo yo correr mis llantos.

Si tú moriste por mí, después de grandes tormentos,
tú sabes que mi esperanza, es darme toda a ti.
¡Qué orgullosa y qué feliz, de tener tan gran honor,
de compartir tu dolor, caminando en pos de ti.

Gracias, Crucifijo amado, seas por siempre bendito.
Oigo tu vos que me llama. ¡Señor, qué porción tan bella!
Tú me quisiste elegir, para amar, orar, sufrir,
por favor, ven en seguida, yo te consagré mi vida. Amén.

 

SALMODIA

Ant. 1. Te doy gracias, Señor, de todo corazón, proclamando todas tus maravillas.

Salmo 121

¡Qué alegría cuando me dijeron:
“vamos a la casa del Señor”!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales. Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:
“Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.”

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: “La paz contigo.”
Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 1. Te doy gracias, Señor, de todo corazón, proclamando todas tus maravillas.

 

Ant. 2. Como el Padre me ha amado así os he amado yo: permaneced en mi amor.

Salmo 126

Si el Señ0r no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
los que coméis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!

La herencia que da el Señor son los hijos;
una recompensa es el fruto de las entrañas:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversarlo en la plaza.

Gloria al Padre, y Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. 2. Como el Padre me ha amado así os he amado yo: permaneced en mi amor.

 

Ant. 3. El nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos e irreprochables ante El por el amor.

 

Bendito sea Dios,

Padre de nuestro Señor Jesucristo,

que nos ha bendecido en la persona de Cristo

con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

 

El nos eligió en la persona de Cristo,

antes de crear el mundo,

para que fuésemos consagrados

e irreprochables ante él por el amor.

 

El nos ha destinado en la persona de Cristo,

por pura iniciativa suya

a ser sus hijos,

para que la gloria de su gracia,

que tan generosamente nos ha concedido

en su querido Hijo,

redunde en alabanza suya.

 

Por este Hijo, por su sangre,

hemos recibido la redención,

el perdón de los pecados.

El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia

ha sido un derroche para con nosotros,

dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

 

Este es el plan

que había proyectado realizar por Cristo

cuando llegase el momento culminante:

hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,

las del cielo y las de la tierra.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio. ahora y siempre,

por los siglos de los siglos Amén.

 

Ant. 3. El nos eligió en la persona de Cristo para que fuésemos santos e irreprochables ante El por el amor.

 

LECTURA BREVE                                                                                                                               1 Jn 4, 16

 

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él.

 

RESPONSORIO BREVE

 

  1. Mi alma te busca a ti Dios mío y está sedienta de ti.
  2. Mi alma te busca a ti Dios mío y está sedienta de ti.
  3. El que tenga sed beba gratuitamente el agua de la vida.
  4. Y está sedienta de ti.
  5. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
  6. Mi alma te busca a ti Dios mío y está sedienta de ti.

 

CANTICO EVANGELICO

 

Ant. Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada.

 

Cántico de la Santísima Virgen María                                                                        Lc 1, 46-55

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo

y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

 

El hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos,

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel su siervo,

acordándose de la misericordia

-como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada.

 

PRECES

 

Alabemos con gozo a Cristo, que elogió a los que permanecen vírgenes, a causa del reino de Dios, y supliquémosle diciendo:

 

              Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos.

 

Señor Jesucristo, que como esposo amante colocaste junto a ti a la Iglesia sin mancha ni arruga,

              haz que sea siempre santa e inmaculada.

 

Señor Jesucristo, a cuyo encuentro salieron las vírgenes santas con sus lámparas encendidas,

no permitas que falte nunca el óleo de la fidelidad en las lámparas de las vírgenes que se han consagrado a ti.

 

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardó siempre fidelidad intacta,

              concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe.

 

Tú que concedes hoy a tu pueblo alegrarse por la festividad de Santa Isabel de la Trinidad,

              concédele también gozar siempre de su valiosa intercesión.

 

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas,

              admite también a nuestros hermanos difuntos en el convite festivo de tu reino.

 

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

 

Oremos con Jesús, diciendo: Padre nuestro.

 

ORACION

 

Oh Dios, rico en misericordia, que descubriste a Santa Isabel de la Trinidad el misterio de tu presencia secreta en el alma del justo e hiciste de ella una adoradora en espíritu y verdad; concédenos, por su intercesión, que permaneciendo en el amor de Cristo, seamos transformados en templos del Espíritu Santo de amor, para alabanza de tu gloria. Por nuestro Señor.

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Ant. Colocar la antífona

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén

 

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